Huella
Él la encontró en la arena, nítida, valiente, retando a cada ola cadenciosa del mar, jugando a ser por unos instantes, permanecer en este mundo de servidumbres temporales, donde todo se juega al tiempo, al pasado, al futuro y se olvida del presente, en el que asesinaron al arriero, al que le sonaban los ejes de su carreta porque les molestaba su dejarse llevar por la vida, sin importarle la música de sus ejes.
Ella resiste inmutable, aprovecha el presente, porque el pasado nada le importa. Su futuro depende de la luna lunera y su influencia cósmica sobre el mar que lo domina, unas veces con caricias y otras con mandobles enfurecidos.
Desea permanecer por un tiempo, que el concilio, entre el mar y luna, le regale una marea baja, para sentir por unos instantes más, la vida efímera que ha tocado vivir.
Él se sentó a observarla, a ver cuánto duraba la batalla, si la huella permanecía o el mar termina engulléndola y haciéndola desaparecer para siempre.
Sin embargo, se cansó de esperar porque la marea iba hacia abajo. Sacó su smartphone y le sacó una foto y se fue. Pensó que el mar siempre termina ganando la batalla porque sus hijas, las olas, les encanta jugar a borrarlas de las orillas de todas las playas.
Fuente de la imagen: propia
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Me gusta la inclusión de todos esos elementos propios del medio ambiente, y por su puesto, la excelsa prosa del autor, como siempre. Saludos y exitos, amigo.
Me gustó mucho el final, las olas borran...al igual que el tiempo. Saludos
Gracias, amiga.
que bonito, nosotros nos cansamos pero la naturaleza no y menos mal, sino nos manda a freír churros a todos
feliz dia
Gracias, @txatxy, la verdad es que sí.
Xoxo