LAS SACUDIDAS
Un día, cuando menos te lo esperas, la vida te coge fuerte por las solapas y te da un par de bofetones. Sin tu esperarlo. Sin darte explicaciones. De pronto, con los carrillos amoratados, corres a mirarte al espejo sin reconocer al triste pelele que se refleja.
Desconocido para uno mismo. Discapacitado para el mundo real.
Son habituales esos cambios. Momentos de transformación donde nada queda como está. Algo muere…pero otra cosa empieza a nacer. No se sabe si vendrá en forma de aborto o merienda dulce. Pero termina por asomar la cabeza y venir al mundo. Tú mientras tanto, asistes al espectáculo de tu mundo en mutación, atónito mientras ves resquebrajarse los cimientos sin todavía derrumbarse. Toda la estructura pesa sobre tus hombros, y estás tan fornido que ni siquiera te quejas.
Cosas.
En fin, que uno no puede quedarse tranquilo. No puedes sentarte frente al televisor, poner el cierre centralizado y decidir en qué dirección camina tu existencia. Alguien ha de pegar un volantazo.Cambiar el rumbo. Sorpresas te da la vida…
Un hombre quieto es un hombre muerto.
Buscas la tranquilidad. La comodidad del reposo. El dulce y calentito útero materno. Pero la vida te pide fiesta, alegría y aventura. Un mundo en llamas está ahí fuera. Listo para ser conquistado. Alguien tiene que plantarse y sacar su espada.
Podrías ser tú. Listo para el combate y la vida. Para poner freno a tus deseos de muerte. Esos pensamientos mórbidos antes marginales, ahora institucionales. Nadie puede con ellos.
Y en esto el pelo va encaneciendo.
Los bostezos duran para siempre. El amor caduca. El sexo se vuelve odioso. Sin embargo, el tedio es ese compañero insobornable montado a nuestros hombros. Siempre a tu lado. Sin dejarte segundos de intimidad. Cuando llegue el invierno nuclear, sobrevivirán las cucarachas y la mar de aburrimiento. Nadie puede con él.
Por ello, salimos a la calle. Lanzados a la gresca, buscamos aventuras en un mundo ínsipido.Un rincón sin emoción, lugar para pensamientos desnatados y bajos en azúcar. Nada dentro del orden parece valer la pena. Sin embargo, el peligro de las ideas es rápidamente enterrado por la cobardía. El miedo. La sensatez del buen burgués. Y así nos pasa la vida, en un laberinto de cómodas frustraciones. Un callejón sin salida ni horizonte a la vista. Con una lápida que llora lo que pudo ser y no fue.
Hola, esa imagen tiene marca de agua, ya que es una imagen en venta y no la puedes usar por mucho que pongas su fuente.