5 Postres Venezolanos Reinterpretados
Cuando hablamos de dulcería venezolana nos referimos a una lista extensa de postres, tortas, golosinas y demás dulces, que con el pasar del tiempo se han hecho parte de nuestras tradiciones y de nuestras costumbres culinarias. En un principio contamos con una gama de dulces que se confeccionaban básicamente con papelón, harina de maíz y frutas como el coco, el cambur y la guayaba. Su procedencia es de origen indígena.
Otra gama de dulces son los que destacaron en la época de la colonia, estos son el resultado de la unión de diferentes etnias, resaltando la influencia española que unida íntimamente a las costumbres y a los ingredientes venezolanos, crearon matrimonios gastronómicos maravillosos que en estos tiempos halagan nuestro paladar.
Los postres, considerados los platillos mimados de la gastronomía, le permiten al comensal satisfacer una dulce tentación que por razones bioquímicas, y hasta emotivas, los hará sentirse felices de manera casi instantánea. Cinco chefs célebres de Caracas muestran sus propuestas más emblemáticas, con platos en los que la acertada mezcla de creatividad, técnica y tradición dan buena cuenta de la capacidad inventiva de los chef pasteleros, quienes apuestan por los ingredientes locales.
Pot de creme Chef pastelera: Diana Peñaloza
Como ya es habitual en D.O.C. Restaurant, ingredientes nobles venezolanos dan nueva vida a reconocidos platos foráneos, tal es el caso de su Pot de crème, realizado por la chef pastelera Diana Peñaloza.
Aunque visualmente no genere mucha expectativa, el postre francés sorprende por su textura suave y cremosa, pero sobre todo por esa dulce explosión en boca y un inesperado toque salado. Para disfrutarlo a plenitud, hay que introducir la cucharilla hasta el fondo para degustar de la natilla de papelón, traído de Sucre o Trujillo, coronada con merengue y enaltecida con sarrapia del estado Bolívar y sal de Araya.
Cremoso de dulce de paleta, Chef pastelera: Yugleimis González
En Malva se dieron a la tarea de reinterpretar la dulcería criolla. En el caso de su postre más apreciado, fusionaron dos elementos representativos de la mesa caroreña: el dulce de paleta y el cada vez más apreciado cocuy. Un merengue cítrico con limón y ralladura de naranja sirve de base al típico dulce que tras ser aireado, adquiere la apariencia de un mousse; para matizarlo, crearon, después de muchas pruebas, un raspado con el destilado del agave. Todo esto es coronado con un praliné de merey en polvo para darle textura crocante. Algunos comensales, al probarlo, describen sensaciones casi orgásmiscas.
Cacao 5, Chef pastelera: María Virginia Gaitán
Los amantes del chocolate aseguran sentirse en la cima del cielo con este postre que combina, prácticamente, todas las texturas posibles en la cocina. La base es un brownie fudge seguido por un mousse elaborado con un dulce chocolate 53% cacao; le sigue una capa de ganache líquida que lleva chocolate 60%, de sabor algo amargo; una espuma suave hace de cuarto piso y por último un nougatine o caramelo crujiente que sirve de teja. Como elemento decorativo se lucen unas avellanas caramelizadas. Un espumante o un buen café son sus acompañantes ideales.
La Galleta, Chef: Beto Puertas
Sabores conocidos, cotidianos, muy nuestros, se mezclan en este postre que tiene un efecto evocador en quien lo prueba. Una media esfera de marquesa de chocolate es engrandecida con sarrapia, la acompaña un helado de galleta Susy, polvo de galleta María, nuevamente Susy –esta vez también en polvo-, maní garrapiñado, salsa de chocolate y una espuma de café con leche transformada en “rocas” gracias al efecto del nitrógeno, gran aliado de la cocina molecular. Lo acompañan con un shot de licor de ron Hacienda Saruro para completar asín un plato que enaltece los productos venezolanos.
Amarillo Nº 5, Chef pastelera: Betania Ramírez
El afán de renovar la carta de postres los motivó a crear un plato con el color como protagonista. Todo partió de una jalea de mango en combinación con gomitas de parchita y naranja a los que poco a poco se le fueron adicionando nuevos ingredientes. Con el merengue de mandarina y el puré de zanahoria en nubes de piña se armó el quinteto de frutas cítricas; el polvo de ají le da el toque criollo y completa la paleta de tonos, del amarillo al naranja, que cautivan visualmente al comensal. En boca se experimenta un grato sube y baja de sabores gracias al contraste entre los distintos niveles de acidez.




