EN LA OTRORA VENEZUELA
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En la Venezuela que quedó atrás, en la de mi infancia y adolescencia feliz, la que me vio crecer y en la que nacieron y crecieron millones de coterráneos, en la Venezuela que recibió a millones de inmigrantes que hicieron de esta República su Nación... en esa otrora Venezuela, cada domingo era común levantarse temprano, bañarse, desayunar e ir a la Iglesia; concluida la misa o el culto, según sea el caso, regresábamos a la casa y en el caso de mi familia mi mamá (Dios la tenga en su Luz) montaba la olla... ¡la olla! de sopa, la cual podía ser de pollo, gallina criolla, lagarto con o sin huesos, costilla de res, mondongo, pescado o un rico y delicioso cruzado con bastante aliño y verdura. Cada domingo era común en la mayoría de los hogares venezolanos agradar el paladar con esa delicia.
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De las casas salía el rico aroma del hervido o del cocimiento de cualquier tipo de granos: caraotas negras, blancas o rojas, lentejas, frijoles, quinchonchos, garbanzos, arvejas, entre otras comidas de recetario culinario popular venezolano. A veces mi progenitora preparaba unos callos a la madrileña que siempre recuerdo con alegría pero hoy rememoro con nostalgia. Hasta hace poco, mis hermanos y yo continuábamos con esa tradición, lamentablemente, en mi caso, no he podido seguir la costumbre por las razones que todos los habitantes de este rico y hermoso país conocemos muy bien.
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En algunos casos los vecinos preparaban el sancocho improvisando un fogón en la calle y todos tenían la oportunidad de degustarlo sin egoísmo, otros se trasladaban al río y allá montaban sobre piedras, el primo o el reverbero la super olla, en muchos casos el combustible favorito era la leña la cual agregaba un sabor y olor especial al rico preparado.
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De algunas viviendas; además de la sopa, también se impregnaba el ambiente con el olor inconfundible de la tan deseada parrilla o de algún plato especial. Las cervezas o algún tipo de bebidas alcohólica eran bastante comunes, pero lo más importante era compartir sanamente entre personas que se respetaban y amaban como hermanos con la afinidad inquebrantable de la buena vecindad.
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Ciertamente todavía existen familias donde prevalece este gusto gastronómico pero lamentablemente no es el caso de la inmensa mayoría de los venezolanos y habitantes de este bendito espacio geográfico. Pidamos al Creador del Universo que esta terrible crisis termine lo mas pronto sea posible, para volver a disfrutar en familia y con los amigos de los platos que una vez formaron parte de nuestra gastronomía criolla y tradicional. Amén.
Autor:@marcosmilano71
Los invito a visitar mi blog titulado: De los Principios y Valores que quedaron atrás.