Día soleado

in #spanish8 years ago (edited)

DÍA SOLEADO

El sol en lo alto desprendía con furia el calor a la ciudad abrazando todo lo que ante él se exponía.

Ni una gota de agua llegaba al oscuro asfalto antes de evaporarse. El cantar de las aves, que buscaban desesperadamente un estanque o una fuente, se arremolinaba sobre las personas que recorrían la calle diecinueve del municipio, cada una de ellas inmersas en su propio mundo con artefactos electrónicos que zumbaban y repicaban sin cesar, llevando sobre ellos grandes gorros y sombreros que los protegían torpemente del sol; algunos incluso utilizaban sus libretas de anotaciones hasta que encontraban un punto de sombra como refugio bajo algún árbol o toldo de alguna tienda.

San juan de los Morros, 24 de noviembre 2015

El único ser que parecía no notar los fuertes rayos del sol en su piel era un niño que caminaba lenta y pesadamente por la acera.

Carla lo vislumbraba desde el asiento del parque donde estaba sentada. Contemplaba su caminar forzado casi arrastrando los pies que estaban posados directamente sobre el duro y caliente cemento. Su cara estaba agachada y desde donde estaba ella solo consiguió verle la boca ligeramente. Las personas seguían su ritmo sin siquiera notarlo, ni la abuela del vestido de rosas que leía su periódico en la entrada de la tienda de café; o el gordo heladero con su gavera que estaba un poco más adelante le hizo caso omiso cuando casi chocó con él.

Cada paso que daba lo acercaba más y más a esa banca del parque donde la joven solitaria no le quitaba los ojos de encima. Cuando estaba casi a su lado Carla se quitó los audífonos y se dirigió a el ofreciéndole ayuda, preguntándole si estaba perdido.

No obtuvo respuesta alguna, pero se detuvo exactamente frente a ella, la única muestra de que la había escuchado. Llevaba una franelilla blanca debajo de la camisa de vestir roja que se encontraba un poco abierta y mojada desde la clavícula al esternón, sus pies magullados y raspados salían del rajado pantalón de mezclilla, el cabello negro y enmarañado le cubría la mitad de su rostro sin permitir que la muchacha viera sus facciones. Aun con determinación y queriendo ayudarlo alzo su mano y le tomo la del niño.

De pronto fue como si todo se detuviera a su alrededor, el clamor de la ciudad se atenuó y un escalofrío recorrió su columna vertebral cuando la boca del pequeño se abrió y de ella mano un potente grito de horror. Asustada mostró todo su esfuerzo para calmarlo, pensando que le había espantado. Pero cuando alzó la cara su corazón palpitó con fuerza.

Donde antes estaban sus ojos, ahora se hallaba un gran agujero que atravesaba de oreja a oreja al rojo vivo desfigurando parte de su nariz. De la oreja derecha le manaba el líquido oscuro que empapaba su camisa. Sin aliento se pegó más atrás al asiento y buscó a tientas su bolso para llamar una ambulancia. Cuando localizó el celular y giro la cara ya se encontraba sola.

Fue como si el mundo despertara y todos los ruidos regresaran de golpe. El heladero promocionando su helado a gritos, la música de la tienda de vídeo juegos de la esquina que se colaba por la puerta abierta, el murmullo de las aves y el sonar de una ambulancia. Giró sobre si misma buscando al niño pero había desaparecido sin dejar muestra de que antes había estado ahí.

Tomó su bolso y echó a correr hacia la sirena que sonaba desde el cruce con la avenida Bolívar. Sus botas resonaban en el piso mientras se abría paso entre la multitud que soltaban exclamaciones nada amables.

Al doblar en la esquina lo vio.

Un accidente se alzaba frente la panadería que vendía su torta de chocolate favorita. Un camión azul oscuro estaba volteado atravesando la calle…los plátanos que transportaba estaba esparcidos en el pavimento. Sin detenerse atravesó la pequeña población que se estaba aglomerando alrededor del suceso. Al pasar el camión se alzó ante ella un carro verde olivo que refulgía con los rayos del sol, rodeado de pedazos de vidrios y gasolina.

Los paramédicos ya corrían de aquí para allá abriendo las puertas del vehículo y sacando a dos personas con la mayor delicadeza que podían. Se acercó a uno de los uniformados que acababa de dejar a un hombre de aproximadamente unos treinta años, la piel del rostro la tenía llena de largos cortes y sangre.

Tocó desesperadamente el hombro del hombre, pero este con profesionalismo ignoró su súplica y la alejó del cadáver… con voz febril la chica le rogaba que mandara a alguien del equipo de rescate por el niño, que quizás había empezado a vagar por miedo luego de haber sufrido ese accidente. Pero con manos firmes el hombre la acomodó hacia la acera, bajo un gran árbol de araguaney, haciendo caso omiso a lo que aquella joven con cabello castaño y ojos grandes y negros le pedía. Así que dio media vuelta y se marchó a continuar con su trabajo.

Desde ese lugar Carla detalló una parte del vehículo que no había visto.

El capo estaba parcialmente aplastado, los faroles rotos en el piso, el parabrisas no estaba totalmente destruido pero en el centro había un agujero que se estrellaba hacia las esquinas.

Dentro de ese agujero estaba un niño.

Un niño con la mitad de su cuerpecito dentro del vehículo. Su cabeza estaba atravesada con un pedazo de vidrio y el hilo de sangre corría derramándose por su camisa roja y hacia el suelo.

Sin entender que había sucedido, Carla se desplomó en el murillo de la acera que ardían bajo sus glúteos, pero no lo noto.

Con desesperación hundió su rostro en las manos ahogando un grito de dolor y miedo.

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