Diégesis de verano:
Una madrugada de Julio
le compartía uno de mis poemas, supongo que lo habrá escuchado detenidamente
le compartí la mejor parte de mí, lo más intimo.
Recuerdo que le había gustado y de hecho decía sentirse identificado
qué difícil es ser verdadero y alejarse de la superficialidad
hablaba de su pasado, se creía culpable por las situaciones que había pasado por pensar las cosas de cierta manera
creía estar equivocado.
Sustrajo un texto de mi escrito y soltó la ‘’gran pregunta’’:
¿Cómo podría hacerme feliz alguien a quien los detalles imperceptibles no le importan una mierda?
Él no quería seguir a la masa, no quería caer en la mediocridad del resto del mundo, o al menos eso decía
Detalles imperceptibles los que le regale y hoy no importan una mierda
Detalles imperceptibles los que me dio pero hoy son un error en su cabeza.
Se preocupaba de cobijarme por las noches mientras estaba dormida para no hacerme pasar frío sin darse cuenta que el único frío en esa habitación era él.
Nunca llegue a enamorarme, no tuve tiempo.
No quiere decir que no me emocionará cuando sabía que le iba a ver, claro que lo hacía, mi corazón se agitaba cuando faltaban pocas horas para verle
por esas sonrisas tontas que me regalaba (o me gusta creer que me regalaba).
Los ‘’mira cómo te sonríe, nunca sonríe así’’ descongelaron una parte mí.
Decía que las personas cambian cada tres meses, vaya, su reloj estaba muy acelerado.
Las personas no cambian, se quitan la máscara con el tiempo luego de lograr objetivos.
La culpa de las tragedias son de los demonios del pasado, que llegan a revolver los sesos del animal que llevamos dentro.
¿Por qué inmiscuirme a mí en sus batallas cuando sus demonios son más fuertes que él?
Nadie merece sufrir por los demonios ajenos.
Aun así le invité a quedarse en mis días y sus demonios podían venir con él.
Parece que nada importó… no importaron las conversaciones kilométricas.
Olvidó que somos lo que negamos ser
el lobo siempre se sale con la suya cuando se disfraza con piel de cordero.
De él, hoy sólo existe el silencio que es la peor despedida.
Existe todo lo que un día negó ser.
mientras yo, bueno, yo…
Escribo estos párrafos con el mismo disco que sonaba de fondo mientras gemía en su cama.
Ahora el disco no lo acompañan mis gemidos, pero sí la danza de mis lágrimas.
Afronté esto con la mayor impavidez, sin filtros.
Nunca me atreví a dar un paso hacia él; él empezó esto una madrugada escribiendo mi nombre.
Yo no le busqué, él me encontró.
¿Qué necesidad había de enrollarme en su diégesis si no quería que yo formará parte de ella?
Desequilibra entrar en un nuevo mundo y de la nada te saquen a patadas de el.
Si alguien le ve, perdido entre la multitud, dígale que no echo de menos sus besos, ni sus palabras bonitas, ni su manera de encerrarme en sus brazos… díganle que echo de menos el ser maravilloso que era y que ahora parece estar muerto.
- Ella Pietrangeli.