Soledad (Cuento) Primera Parte
Llovía torrencialmente.
La noche había cedido su esplendor y luminosidad a las nubes negras que dejaban derramar lágrimas a cantaros e inundaban las calles de la ciudad, dándole aspectos por momentos, tétricos pero mágicos.
Lo inesperado del acontecimiento no me había dado tiempo a resguardarme y las ropas húmedas chorreaban, mientras que mis zapatos intentaban emular los movimientos de los botes en el mar para poder desplazarme.
El frío inicial, que estremecía los huesos fue pasando y mientras la soledad fue abriendo brechas, mis pasos llevaron a encontrar la figura temblorosa de una aparición hecha mujer, que igualmente desafiaba la inclemencia del clima, retándolo.
El primer contacto con ella fue la mirada que mantuvo por segundos mis ojos prendidos de la inquietud de los suyos, revelando la alegría de tener compañía. Vestía una blusa blanca, sin brassiere, que producto de la humedad mostraba un par de pezones enhiestos y desafiantes y una falda corta que dejaba al descubierto un par de piernas dignas de la mejor obra de escultura y aunque esa primera exploración logró estimular mi cerebro con impulsos sexuales, el placer de una compañía que transmitía un encanto subyugante dejaron a un segundo plano todo esto.

Fuente de imagen
-¡Hola! -Saludé acercándome.
-¡Hola! ¿Otro atrapado?
-Si, por lo repentino, pero me gusta la lluvia.
-También a mí.
-¿Vas a algún sitio?
-No, solo disfruto la noche y el momento. ¿Y tú?
Había en sus palabras insinuaciones que no podía comprender.
-Tal vez igual, solo que voy a algún sitio.
-Todos van al mismo sitio sin percatarse, es como un juego donde dependiendo la posición, tienes ventajas para hacerlo primero.
Esta vez sí me dejó pensativo por unos segundos.
-Hay quienes no lo toman de esa manera.
-Los que piensan que se merecen lo que tienen.
Habíamos llegado a una plaza, y después de las palabras ella tomó asiento en uno de los bancos, cruzando las piernas y mostrándome un poco más de lo necesario.

Fuente de imagen
Las gotas se multiplicaban y las luces de los edificios parecían parpadear.
-También los que poseen el suficiente dinero para escoger donde ir. -Agregué.
-Eso es lo que piensan.
Su mirada parecía querer cortar la oscuridad que cubría la lejanía.
La filosofía no era mi fuerte, por lo que busqué cambiar la conversación.
-¿Vives cerca?
-Sí, pero no como para ir caminando.
-Tampoco yo, supongo que no tienes vehículo y debemos esperar a que deje de llover para tomar un taxi.
Asintió.
-¿Vives sola?
-Sí.
-¿Tan linda y sola? -dije seductoramente.
Sonrió.
-No solo los feos viven solos. -dijo mirándome.
Esta vez quien rio fui yo.
-En ocasiones es una ventaja vivir solos.
-Pero es contradictoria la soledad. -le repliqué
-¿Contradictoria?
Esta vez el filósofo parecía yo.
-Por momentos te hace feliz pero también provoca que los recuerdos lleguen y con ellos la melancolía, el dolor y hasta las rabias.
-Cierto, pero ellas no llegan solas, las llamas porque las deseas. ¿No te has preguntado cuál es la razón de la alegría? ¿Acaso los momentos malos no dejan enseñanzas y nos nutren de conocimientos para continuar en la carrera hacia el aprendizaje?

Fuente de imagen
Muy buen post up vote para ti sigueme y entra en mi blog para que veas mi contenido !!
Una tremenda obra, estaré pendiente de ver la continuación. mientras esperamos me gustaría tu visita saludos.
Es interesante cómo abordas un tema tan amplio y complejo en una usual charla entre desconocidos. No esperaba encontrar esto expresado de esta manera y de hecho queda muy bien. Buen trabajo, nos leemos luego.
Muy buena redacción, el texto me atrapo completamente e iré de inmediato a leer la continuación. También escribo y me gusto mucho tu post, te estoy siguiendo.
Que bueno leerte, dejas la sensación de querer mas.
sabes, muchas veces siento que la soledad es adictiva.
Sneaky Ninja Attack! You have been defended with a 3.41% vote... I was summoned by @joseph1956! I have done their bidding and now I will vanish...Whoosh