Danza inconclusa.
La noche oscura refleja mi sed inquieta, la sed que un día sacié con la fuente de tus penas, tan llenas de querer, tan llenas de pasión, fuente inagotable de la que ya no dejas beber o aunque si quieras, te niegas.
Entre el bullicio de la pequeña multitud repaso mis recuerdos del día a día, sobre la eterna juventud de tu hermosa risa sombría, que no sé si es de alegría, pues la mía es de melancolía, mis recuerdos que poco a poco se juntan como pequeñas gotas de lluvia, tan frías como la nieve, tan húmedas como tus lagrimas que van recorriendo mi mente, aquellas memorias dulces que de vez en cuando me mienten, y aquellas memorias amargas que me golpeaban de frente.
Incrédulas mis emociones confusas y arremolinadas, que con cada sonrisa y abrazos poco a poco alimentabas, en mi habitación danzabas una danza inconclusa, una danza atrevida que me llenaba de vida, en aquella mañana embrujada que fue tan inesperada, tu cuerpo cayó en mis brazos en un eterno abrazo de fuego, que broto desde tu corazón y fue tu arma de seducción, luego, bajo a mis huesos y embriago mi cuerpo indefenso, poderosa arma la tuya que logro derretir mi alma, seductora danza en mis brazos que un fresco recuerdo dejó, glamorosos abrazos tiernos que mi cuerpo recibió, con mis manos posadas en tu espalda desnuda, que por tus curvas bailaban al borde de la locura.
Tus ojos embriagados de ternura y pasión se posaban en los míos, como un pequeño rocío, refrescante y dormido, profundo y en conmoción, aun con tu pecho tocando mi pecho, con mis labios al acecho del perfume de tu piel, saboreándola lentamente, degustando de su esencia, de su cálida presencia, de su delicado sabor a miel.
Danzando continuamos sobre mi cama desordenada, sintiendo como tu alma con mis manos se moldeaba, yo fui un artesano y tu mi obra maestra, forjada de diamantes con labios hechos de fresa, con piel de licor embriagante y frágil alma sonriente, hermosos ojos azabache y dulce aroma a cereza.
Aun recuerdo ese tacto seductor de tus manos, y ese aliento de miel que provocaba a besar tus labios, mi corazón acelerado latía fuerte junto al tuyo, como el tronar de un rayo que ya no es más que un murmullo, un pequeño susurro de tu suave aroma, un pequeño alarido de mis sentimientos que se asoman, que te gritan que te quieren, que te piensan y que te adoran, que no dejan de nombrarte, que aun en esta noche te añoran.
En un momento fugaz nuestros labios se juntaron y un intenso fuego mis sentidos azotó, mis emociones afloraron como caballos salvajes en mi pecho retumbante de aquellos extraños parajes, los caballos más veloces de las praderas de mis sentimientos, sentimientos que para ti han estado siempre abiertos.
Si, en otros momentos fugaces nuestros labios se juntaron, pero por más que bailaron juntos, en ningún momento se besaron, pero esos besos no existentes de la fuente de tus labios llenaron mi ser de una forma un poco extraña, llena pero vacía… como un fuego que ardía.
Esta noche te recuerdo entre esta multitud, en el ruido de las copas que ahora gritan “salud”, aquel día danzamos una danza inconclusa, mientras estaba disfrutando los abrazos de mi musa, ese día termino como tenía que ser, te despedí con otro abrazo y aun no te vuelvo a ver, te marchaste con mis labios aun prendidos a ti, con mis esperanzas crecientes deque algún día digas “si”, y aun me pregunto con mis sentimientos ya moribundos ¿Con mi corazón entre tus manos algún día marcharas? ¿O nuevamente con mi alma y mi cuerpo danzarás?
JDQ