Detrás del Bisturí. Novela. (6)

Un Comienzo Abrupto - Capítulo 6
El primer día de trabajo había llegado 30 minutos antes de la hora citada. De los 12 médicos internos que habíamos quedado nos iban a distribuir en 4 grupos para las áreas de medicina interna, cirugía, pediatría, y ginecobstetricia. Si me hubiesen tenido que preguntar sin dudarlo hubiese elegido cirugía, pero sabía que esta vez no iba a ser así.
El Dr. Guerra llegó a las 7 am un poco apurado por empezar la revista médica en su servicio y sin anestesia nos asignó los servicios al azar:
- Ustedes 3 (decía mientras señalaba un grupo que estaba acercándose a él) empezaran por Pediatría. Mis estimados colegas aquí (mientras señalaba nuevamente otros 3) cirugía.
En ese momento fruncí mis labios porque quería estar en ese grupo. Luego de eso nombró otros tres más para trabajar en Medicina Interna, hasta que finalmente aquellos tres que quedamos fuimos designados para el área de Ginecobstetricia. Quedé por un gran momento paralizado porque sabía que era el servicio que menos me gustó cuando hice mis pasantías de estudiante hasta que siguió el Dr. Guerra.
- Recuerden que estarán 3 meses por cada servicio y luego de eso automáticamente rotaran para las otras áreas hasta completar un año. Luego de eso tendrán opción a elegir por donde quedar y si hay mucha demanda solo los mejores serán nuevamente elegidos.
Terminó estas palabras y se dirigió a aquellos que quedaron seleccionados por el área de medicina interna:
- Ustedes vengan conmigo, tenemos revista. El resto a sus servicios, no lleguen tarde. Éxitos.
Mis dos compañeros eran el Dr. Theo Marín, aquel personaje que impresionantemente quedó con una actitud que parecía de hippie rebelde al viejo estilo de John Lennon y el Dr. Ricardo Rondón. Aunque tampoco lo conocía tenía una actitud un poco más política, le gustaba charlar y romper el hielo. Era tan alto como yo (1,85 mts aproximadamente), mestizo y de cabello largo, negro y liso. Apenas terminamos de presentarnos Ricardo saltó a decir:
- Es hora de irnos rápido, perdemos el tiempo. Me dijeron que la Dra. Suarez es la adjunta y le molesta que lleguemos tarde. ¡Theo abróchate la bata!, no queremos llamar la atención.
Ricardo parecía agitado mientras nos guiaba e informaba, de hecho, parecía que conocía muchas cosas que apenas a nosotros se nos hacía poco usual. No fue necesario preguntar cómo llegar al servicio ya que el mismo lo sabía. Mientras me quedaba atento escuchando lo que decía y sorprendido, pude darme cuenta que Theo se mantenía apático caminando como si nada con las manos en los bolsillos y viendo hacia los lados.
Apenas llegamos una doctora robusta de aproximadamente 50 años o más, de unos 1,70 mts de altura, un poco obesa, blanca y de pelo rubio enrulado con canas descuidadas nos recibió con un:
- Hola caballeros, me imagino son los nuevos internos, llegan justo a tiempo. Tenemos 3 partos en proceso. Cada quien recibirá uno y será supervisado por los médicos residentes. ¡Pónganse los guantes!
Antes de que Theo me dijese una palabra después de voltear y mirarme con la sorpresa que nunca le había visto, la doctora se da una vuelta con un paso medio tórpido debido a su sobrepeso y nos dice:
- Por cierto, soy la Dra. Suarez, su nueva Jefa por estos 3 meses. Espero realicen un buen trabajo Dr. Marín, Dr. Alemán y Dr. Rondón.
En ese momento alguien grito: ¡Expulsivo! Tan fuertemente como si se tratase una bomba nuclear a punto de impactar. Los tres sabíamos que significaba, y mientras todos voltearon a vernos mis compañeros dieron un paso atrás y una residente del área me tomó del brazo y me dijo mientras entrabamos al área de sala de parto:
- ¡Este es tuyo José. Ponte los guantes!
Recuerdo que entré como a un estadio de lucha libre donde dos enfermeras calmaban a la mujer parturienta que se colocaba en la silla especial en posición ginecológica al mismo tiempo que su cara se ponía roja y gritaba fuertemente como si le fuese a estallar en mil pedazos su abdomen. Me puse los guantes con bastante nerviosismo y vi como Theo y Ricardo entraron para verme con una sonrisa de ánimos medio fingida oculta de nerviosismo también.
Me acerqué con los guantes puestos y no lo pude creer…