No más manadas (2ª parte)
Celebro que las mujeres hayan gritado Basta (con humildad lo he manifestado públicamente en otras ocasiones). Pero se están mezclando las cosas. He podido comprobar cómo la lacra del machismo y la violencia de género están contaminando para mal la aplicación del Derecho de Familia, por ejemplo, y algunos letrados y jueces, contaminados también, contaminan a su vez a sus clientes.
Manifestaciones contra "la manada"
También he podido comprobar cómo mujeres criticaban a mujeres que también gritaban “Basta” sólo porque eran de otro partido político y eso las deslegitimaba, supuestamente, como mujeres iguales, para poder gritarlo también. Cuando prevalece el interés particular sobre el interés general de una reivindicación, como en ese caso, no es de extrañar que la reivindicación se vuelva de oficio y tarde o temprano desafuere. Ocurrió en el caso de la instrumentalizada Juana Rivas, aquella mujer que creía pelear por sus hijos contra su padre que terminó siendo una bandera más mediática y política que justa, para su perjuicio. Y ocurrió el jueves con algunas manifestaciones contra la condena a la manada. Merece la pena atreverse a reflexionar.
La manada y su chat
Abuso y violación. Como ya recordé en la primera parte de este post, la actriz norteamericana Jessica Chastain puso el dedo en la llaga: la diferencia entre abuso y violación en la legislación española. Pero no parece de recibo valorar que casi se ha absuelto a la manada, los cinco agresores de esa chica en un portal durante los sanfermines en Pamplona. Son nueve años de condena por abuso con prevalimiento. Por ahora, aún queda la casación. Es verdad que hay un voto particular que disiente de la condena, razonado con valoraciones desafortunadas sobre las mismas imágenes en vídeo que vieron los tres jueces. Aunque esto no es nuevo en la Justicia. Sí son felizmente nuevas las estrechas tragaderas que ya tiene la sociedad acerca de estos delitos que durante siglos ni siquiera lo fueron. Pero ni es admisible que se diga como norma general que una mujer no puede estar sola con varios hombres sin sentirse amedrentada (porque eso sería asimilar a la definición de hombre la de agresor) ni se puede pensar que esos cinco tipos, que se dedicaban a drogar a las chicas para obtener provecho sexual de ellas y vejarlas mofándose de sus hazañas en vídeo, no suponen una agresión aterradora cuando ya no puedes escapar
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