Guacamayas en el cielo

in #spanish9 years ago

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Foto: Pixabay

Caracas, una ciudad donde sus habitantes caminan tan rápido que pareciera que el alma se les escapa del cuerpo mientras caminan y luchan por mantener el paso para no perderla y no se dan cuenta si son felices o si aún les queda tiempo para serlo. Una ciudad agresiva que día a día es atravesada por vagones cargados de esperanzas. Con hombres y mujeres a los que no les han enseñado que nunca es demasiado tarde. Que en silencio comparten las mismas penas y quizás los mismos sueños. Personas que a diario encuentran un “amor de metro” que de pronto es arrastrado hasta la salida por una marea de gente antes de que puedan decirles algo.

Esta es mi ciudad, la que me vio nacer y la que no me deja marchar. La que no entiendo y de todas maneras quiero. Un día normal como cualquiera, en el que yo, Alejandro Durán me dejo llevar por la rutina. En el que no me importan los empujones de Plaza Venezuela ni que la señora vestida de verde me pegue con su bastón gritándome que me mueva mientras yo miro idiotizado a la muchacha del cabello rojo que espera a mi lado y que por un segundo creí que también me miraba. Ni siquiera me ha visto y ya yo imaginé cuál sería nuestra primera pelea y también nuestra primera reconciliación. Seguramente me diría que soy un torpe. Que nunca sé lo que realmente quiero. Que mis sueños no sirven y que debería tener mayores aspiraciones. Yo la escucharía embobado mientras la veo batir esa melena espesa. Oiría con atención sus insultos y hasta le permitiría pegarme -si así lo quiere-, sólo por seguir mirándole el pelo; pero antes de poder armar nuestra vida juntos la vieja de verde me pega de nuevo con su bastón. Esta vez en una rodilla y yo despierto de mi ensueño para darme cuenta de que perdí a la muchacha del pelo rojo porque entró al vagón y yo no fui lo suficientemente rápido y ya no había espacio para mí, pero antes de que la puerta se cerrara sí me miró, estoy seguro.

Mis cansados pasos me han llevado por las mismas calles desde hace muchos años. Calles que odio porque no me muestran nada nuevo. Porque las putas arrugadas de la esquina siguen siendo las mismas y porque no se cansan de lanzarme besos cada vez que paso frente a ellas. Me aturden los carajitos que lloran todas las mañanas porque no quieren ir a la escuela y las mamás les dicen que sólo será un rato y que si se portan bien comerán helado el sábado. Poco recuerdo a la Caracas en la que crecí. La memoria me juega sucio y reprime la mayor parte de mi infancia. Confundo fechas y no estoy seguro si algunos sucesos fueron reales o si sólo están en mi mente porque me gustaría que lo fueran. Sólo sé que esa ciudad que tantas alegrías me dio, nada más existe en mi memoria. Caracas me recuerda a ella. Indomable, bella e impredecible, sobre todo en esas tardes cuando se le dibujan guacamayas en el cielo.

Danie.
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Excelentee. Te felicito

¡Gracias! :D

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