El manuscrito
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Los primeros tragos de la tarde siempre eran ahí, pegados de la barra; luego nos íbamos arrimando hacia la mesa que estaba más cerca de la rocola, donde todo el tiempo se encontraba sentado el reconocido poeta Mario José Izaguirre con su infaltable botella de güisqui y el vaso con hielo al alcance de sus manos. Las discusiones se repetían casi idénticas cada día, después de unas cuantas copas. El novelista Manuel Aguilera le decía a Mario, aparentando un malhumorado reproche, que no entendía cómo podía escribir con esa algarabía de la gente y la música, para que el poeta asegurara que esa era la mejor fórmula que existía para lograr la inspiración y que por trabajar en la soledad era que sus obras eran tan malas… y así seguía la controversia entre las risas y los comentarios de los demás que apoyaban a una u otra posición.
En aquel tiempo, yo era un joven de apenas dieciocho años que estudiaba en la Academia de Arte Nacional porque soñaba con alcanzar la inmortalidad como un pintor de fama. La primera vez que entré a ese bar, "La República" era su nombre, quedé impresionado cuando constaté que aquellos clientes que de repente pasaban de la risa a los gritos aguardentosos y a los gestos estrafalarios eran las figuras más destacadas de la literatura de nuestro país, a quienes se les sumaban, de vez en cuando, pintores, directores de cine, músicos y casi todos los emblemáticos nombres de nuestra acontecer cultural.
Nunca me tomaron en cuenta, y estoy seguro de que ni se percataban siquiera de que yo estaba allí en el bar, escuchándolos cada tarde; hasta la ocasión en que Mario José Izaguirre dejó olvidado un manuscrito sobre el mostrador y yo se lo guardé para entregárselo al otro día. Fue algo providencial para el escritor, ya que pensó que había extraviado para siempre el resultado de una fervorosa tarea que le había llevado más de un año; y sobre todo porque se trataba del borrador de un poemario que pensaba enviar al concurso Federico García Lorca, en España.
A raíz de ese hecho me invitaban a su mesa y hasta me solicitaban que diera mi opinión en sus demenciales porfías y yo, animado en algunas oportunidades por los tragos, vociferaba también mis planteamientos, convencido de que aportaba algo interesante en aquellos caóticos debates. No puedo negar que me encantaban esas animadas tertulias, salpicadas de bromas, de alusiones a la creación artística y de licor, sin embargo, tres meses después ya estaba pensando en renunciar a tales reuniones, debido a que había dejado mis estudios y mis sueños en un inaceptable olvido.
Antes de que llegara el día en que había decidido alejarme de manera definitiva del bar "La República", el poeta Izaguirre me entregó un sobre abierto: lee eso muchacho, me dijo, y se quedó muy tranquilo concentrado en el vaso que tenía en frente. Hoy sonrío simplemente cuando lo recuerdo, pero en aquella oportunidad me quedé helado y sin habla durante un buen rato. El sobre contenía un documento en el que se declaraba que yo, Reinaldo Celestino Montiel era el ganador de la XII Edición del Premio de Poesía Federico García Lorca, consistente en 340.000 pesetas…
Invito a la amiga @karenis a participar en esta edición de Arte y escritura.
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mrzsuha#4337
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Es un texto de ficción, creado para esta ocasión, por lo tanto me parece bien que parezca real porque, en última instancia, esa es la idea. Aunque lo que sí es una lejana referencia a la realidad es la asiduidad a los bares en Caracas de muchos grandes escritores del pasado siglo. Gracias por tus observaciones y verificación, amiga. Saludos...
La referencia a ese bar, tan frecuentado por los escritores venezolanos, fue lo que me hizo pensar que el texto era real. Per no siendo así, déjame felicitarte, pues lograste hacer ver como real lo que era ficción. Un abrazo.
Gracias por compartir, saludos y éxitos.
Pudo ser también que el autor, como locura o por agradecimiento, envió los poemas al concurso colocando el nombre de Montiel en lugar del suyo... Un poeta azuzado por el alcohol puede llevar a cabo cualquier acto inesperado. Muchas gracias por sus comentarios, amigo. Un gran slaudo.
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