LA AVENTURA
Fuimos, mi esposa, mis hijos y cuñado en busca de una playa, que según se llegaba solo con vehículos de doble tracción. Era una carretera de tierra, con farallones a los lados, sin un alma que se viera en la vía. Además, sin poder regresar porque no había espacio en la carretera para la devolución. En fin, hay un dicho en mi país que dice: “Después de montado el burro (asno) hay que arrearlo”. Fueron horas de sentir mariposas en el estómago, de sentir que el corazón se oprimía y sin tener que mostrar a los acompañantes que estaba aterrado. Como las cosas buenas de la vida, la luz que se ve al final de un túnel, llegamos a la playa más hermosa que hayamos visto. Los malos momentos valieron la pena, no nos cansamos de admirar tan bello paisaje y lo bondadoso que fue Dios para esta pequeña tierra y que nos regresó con bien…
Fuente: Las fotografias fueron tomadas por el autor.