Cuentos Pueblerinos
Nuestra infancia transcurrió de manera aceptable: pasajera, muy a pesar de que no había fluido eléctrico, mucho menos televisión o Internet.
Nos divertíamos con los juegos tradicionales: Volantín, yoyo, metras, entre otros.
Recuerdo que siempre, o casi siempre, tuve mi niño Jesús. Mi madre hacía lo imposible para que cada noche buena tuviésemos juguetes.
La escopeta de corcho y el revólver de fulminante eran los que mas recibía. Lo importante no era la calidad ni el costo, sino apreciar el esfuerzo de ella.
El resto del año como no teníamos televisión, por las noches nos reuníamos en casa de los abuelos y venían familiares y vecinos a contar historias de espantos y aparecidos.
Los niños nos sentábamos en el piso a escuchar con suma atención las historias que contaban los cuenta cuentos de manera tan elocuentes que parecían reales. El hombre sin cabeza montado en un caballo, el ahorcado pidiendo ayuda, la llorona, el muerto de la quebranta, son los que más recuerdo. Luego, al acostarnos, nos era difícil conciliar el sueño pensando en aquellos relatos.
Así transcurrió nuestra infancia sin iPhone, ni Internet, ni computador. Elevando volantines, jugando metras, trompo, haciendo carritos de latas de sardina, etc.
Siempre me destaqué en las metras, cuyas temporadas jugábamos todas las tardes después del colegio hasta las 7 de la noche. Se pueden imaginar cómo quedaban las cabuyeras de los chinchorritos, ya que nos acostábamos sin bañarnos porque el agua era escasa, pues era buscada en pozos construidos manualmente... Agua por tuberías ¿de dónde? Eso no se conocía.
Así fue nuestra infancia en San José de Cocodite, estado Falcón. A pesar de todas las carencias fue una etapa feliz.