OSCURIDAD
La oscuridad llega dando manotazos de ahogado.
Los cuervos empiezan su ronda cotidiana
y yo no distingo los pájaros azules de los blancos
no distingo los pañuelos extendidos
en plena calle
que llaman haciendo guiños silenciosos.
Alzo la mano hasta el nivel de mis botones,
alzo un pie,
y formulo una renuncia a mis zapatos,
diré entonces,
renuncio a los cascos duros
y volveré la cabeza.
Al cabo de algún tiempo
en que conocí el sabor de los bostezos,
los salones atestados de mujeres gordas
y el cuarto marcado con un doce
más grande que mi dedo pulgar
me sometí a las sombras
y fuí huésped ilustre de su reino.
Hay ahí menos pasto congelado
menos peces rotos desde la cola
menos surcos abiertos sobre la frente
Hay allí una botella llena
repleta de cerveza.