Voluntad y azar
No daba crédito a lo que veía. Sorprendida al recibir una carta del causante de su limerencia, su amor imposible. Ella no se atrevió a abrir la carta, pues internamente existía una disputa de tres; la razón decía que lo mejor era olvidarse del asunto, no vale la pena sufrir por algo que no tiene futuro, la emoción saltaba de alegría y se quejaba de no haber leído la carta al instante de recibirla, después de todo, bajo su criterio no había absolutamente nada que pensar, ni un ápice de duda albergaba ella; por último, estaba la voluntad, la cual aguardaba taciturna y pensativa, todo dependía de esta última.
La voluntad no se dejaba intimidar por los argumentos perfectamente válidos de la razón, ni tampoco por la impaciencia y la fuerza que tenía la emoción. En cambio, la voluntad reflexionó para sí: cuando apoyo a la razón a veces me arrepiento de no haberme arriesgado, y debo vivir con la constante recriminación de la emoción que solo en estos casos no perdona. Al contrario, cuando sigo ciegamente a la emoción, a veces todas terminamos gravemente heridas y la razón pasa largos periodos diciendo: te lo dije, luego de eso entre las tres buscamos lecciones aprendidas.
Después de meditar arduamente, resolvió dejarlo al azar, este le aconsejó: adelante, ve con todo. Y todas estuvieron de acuerdo porque la experiencia les había enseñado que en algunas ocasiones había que dejar que las cosas pasaran.
...Y ella abrió la carta.
Excelente!!
ya te seguí espero que tu también me sigas