Miseria - Otro Cuento

in #spanish8 years ago

Buenas noches a todos los lectores. Primero, quiero agradecer por el tiempo que le dedican a esta publicación. Segundo, espero que sea de su agrado. Sin más preámbulos, acá les dejo este cuento:


Miseria


Fuente

Todo ocurrió con la misma sutileza de aquellas historias a las que era aficionado. Se despertaba con el típico dolor de cabeza de quien no le da el suficiente reposo a la vista. Sentía una aguja atravesándole el cráneo—de un costado de la cabeza al otro.

Ignorando el dolor, su mañana comenzaba con la típica rutina de fin de semana entre clases: mirar el reloj para confirmar que no había perdido la mañana durmiendo; ir al baño con un paso lento y pesado, debatiéndose entre la cama o continuar; y en el baño, la típica lentitud ritualista que sólo algunos pueden disfrutar para labores tan mundanas.

Ahora, ya despierto, se disponía a desayunar a pesar de no tener hambre. Otro tipo de costumbre fundada en algún hecho sobre la salud—como si acostarse tarde y darle rosca a la vista fueran igual de saludables. Llegó la cocina caminando despacio. No sentía nada moverse en la casa. Había un olor a café que no había notado. Debajo del colador un recipiente lleno y todavía tibio estaba esperándolo. Lo dejó ahí. Fue al otro lado de la habitación.

Movió la tostadora al lugar de uso—entre la cocina y el microondas, justo ahí encima, encima del mesón. Mientras buscaba el pan, un pensamiento arrastró por todo la aguja que sentía dentro de su cabeza. Era un recuerdo desagradable que involucraba lo que estaba por hacer. Sacudió lentamente la cabeza, buscando alejarlo. Abrió la nevera. No fue difícil encontrar las últimas rebanadas de pan entre tanto espacio vacío. Las tomó y las llevó hasta el aparato. Las puso dentro y bajo la palanca para hacerlo trabajar. El típico zumbido de las resistencias calentándose rompió con el silencio de la cocina mientras se disponía a servirse una taza de café.

Ésta fue a para al microondas. Pulsó el botón y otro zumbido, hizo vibrar el aire de la cocina con la cacofonía de los electrodomésticos. A esto, se sumaba la nevera que ahora comenzaba su ciclo de enfriamiento. Fue hasta ella nuevamente. Abrió la puerta y tomó un frasco de mermelada. Lo miró un momento antes de cerrar la puerta. La mermelada de plátano no era su favorita, pero era peor no tener nada para untar en el pan.

La habitación recuperada su velo silencioso. La alarma del microondas había terminado y el tostador había lanzado las tostadas al aire, atrapándolas en su caída—con la gracia que sólo tienen esos aparatos— y la nevera se había quedado como muerta.

Tomó su taza y colocó las tostadas en un plato. La temperatura del café era aceptable y las tostadas tenían un tono marrón que delataba la buena labor del tostador. Llevó todo a la mesa.

Buscó un cuchillo y se movió de regreso a la mesa. Sin ánimo, untaba las tostadas. Ahora el color marrón era cubierto por una capa más rojiza. Y, allí, estaba otra vez el recuerdo, moviéndose encima de la aguja. Miró el tostador. Sólo estaba a unos pasos de su silla. Suspiró y dejó el cuchillo sobre el plato y una tostada a medio untar.

Acercó las manos al tostador, aún algo caliente, con duda. No estaba seguro de querer cerciorarse de que todo estaba bien. Aunque, era sólo cosa de darle una sacudida. Hacerlo en ese momento le ahorraba tener que hacerlo después de comer.

Desconectó el aparato. Lo cargó. Lo llevó sobre el fregadero. Poco a poco, las sacudidas dejaban caer migajas sobre el metal cromado y húmedo. Se detuvo en seco. Allí estaba. Otra vez, ese asqueroso recuerdo se repetía. Algo distinto había salido del tostador.

Desde la frontera entre el metal y la cerámica, quieta y con una actitud muy parecida a la curiosidad, observaba; para él, ahí estaba eso, desafiante. Cada movimiento de antenas lo hacía asquearse más; disgustarse más. El impulso de lanzar el tostador contra el insecto fue reprimido. Respiró. Tratando de conservar la calma, lo llevó a su sitio.

Buscó un paño y con sumo cuidado regresó al fregadero. Sabía que era su culpa. Tenía que haber revisado antes; sabía que de todas maneras no lo hubiera hecho. Pensó un momento en todo el problema que le hubiera traído usar el tostador como un arma contundente. Hubiese tenido que trabajar más.

Y, era esa flojera la que lo condenaba a repetir esta situación. Lo peor del asunto era que entre tanta introspección, ¡la condenada cucaracha se había escapado! El sonido de las pequeñas patas en huida, deprisa, entre la madera de las repisas era como una carcajada. La oía retumbar aquí y allá, vibrando en la aguja entre las sienes.

Suspiró otra vez. No había mucho que pudiera hacer. Puso el paño en el mesón y se quedó parado mirando el plato con el pan. Aquí empezaba el verdadero problema. No sabía qué era peor: si tener que debatirse entre comer o tirar el pan; o que ésas eran las últimas rebanadas y no había más para comer; o que el pan simplemente es caro; o que es difícil encontrarlo. Volvía a pensar en que todo eso podía haberse evitado; y, si trataba de matar a la cucaracha y fallaba…

Mientras lo pensaba, lentamente, acercó una mano hacia su plato.


Esto es todo por ahora. Hasta la próxima publicación. Los comentarios siempre son bienvenidos.

Sort:  

Me gustó esta historia tan natural y cotidiana. Y me reí cuando apareció la condenada cucaracha jajaja...
Recomendación, no usar al mismo tiempo la tostadora y el microondas... Yo dejé una vez media casa sin luz por usar al mismo tiempo tostiarepa y microondas jajaja... 😅
¡Saludos!

Ja, ja, ja. Es una buena sugerencia para estos personajes míos que no son tan venezolanos como el autor. Yo tampoco lo hago, tengo miedo de que el tostador se tueste a sí mismo. Y pues, la cucaracha es el guiño chistoso. Gracias por leer.

Parece un cuento de terror con la aparición de esa cucaracha, @bertrayo. Las odio ¡jajaja! Buena historia.

Ja, ja, ja. Eso es bastante normal. A mi solo me desagradan lo suficiente para patearlas lejos. Gracias por su lectura, profe.

Me identifiqué con el relato, yo me hubiese comido el pan, si la cucaracha no murió en la tostada es que mantuvo su distancia. Aunque no sé si mi lógica no es objetiva por culpa de la gula.

Yo creo que es lógica utilitaria. El pan no está barato y después de untarlo es como mucho desperdicio.

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