En ocasiones...

in #cuentos7 years ago

José mira hacia la dirección en donde se encontraba su mujer Alcira, pero hace todo lo posible, para que no se entere.
En su disimulo…
La discreción es: Imperante.
(Ella lo emula, pues tampoco quiere dar “su brazo a torcer”)
Pero no obstante, ya que su orgullo no le cabe en su pecho (ni en ninguna parte por lo visto.) no desea que ella se dé cuenta de este minúsculo detalle. (Pero ella tampoco. Son tal para cual.)
Varia su dirección (¡Porque es preciso!). Ahora a la derecha…No. Mejor…Atrás… (Ella no se queda atrás. Pero tampoco quiere que él se dé cuenta de nada.)
Otrora fingía estar viendo hacia su diestra, pero sin detallar nada en específico, para enterarse que allí, no hay nada interesante, entonces mira con acuciosidad, ya que en alguna parte habrá “algo” que sea digno de llamarle su atención… (¡Es que es preciso encontrar ese sitio inmundo, en donde poder fijar su atención!)
Se le nota molesto, pero también nervioso. Violento.
Más bien intenso y difuso, sumergido en tormentosas pasiones, en inestables torbellinos que lo mantienen sujeto y sumido en un mar de leva con olas de hasta decenas de metros de altura, y de vientos impetuosos como de demoníacos efectos cuando en su interior se debaten con frenesí extrema cosas y casos de inexplicables razones (sí a razonar, vamos.)
Ella se muestra mancillada. Herida en su amor propio. Humillada y hasta ultrajada pero dispuesta a enfrentarse a quién sea, ya que no tolera ese tipo de digresión. (Ninguno a decir verdad.)
Comienza a caminar de la manera más entretenida (pero ella también) ignorando a toda costa, para que su costilla no se entere.
Y para cuando ella trata de pillarlo, entonces vuelve su rostro hacia la dirección contraria en donde se encontraba.
Entonces es el momento en que se fija que en lo alto, en lo más recóndito por allá…No es por… ¿Será que ya se fue…? (y extraviado e inaudito…) en lo más difuso, (por dónde nadie más se atrevería a andar…) es en donde busca con tanta intensidad (qué causa extrañeza)…Lo que no se le ha perdido…Pero así es (él), y es que la otra: Tampoco debe (ni quiere) quedarse atrás.
Un silbido dispar y estereotipado surge de sus labios descompuestos, en un rostro raído por la desesperanza, por los odios dispersos que siempre pululan por doquier, mira angustiado hacia un sitio desconocido en donde pudiese hallar, o encontrar aquel mundo bello y sereno, que a él se le niega, mientras ella asumía lo mismo pero en latitudes y coordenadas, muy dispares y distantes que las de él…Asumía.
Pero lo mejor…Es que ambos buscan con tanto afán…Pero no creen hallar, en donde su unión, los desune…
No quieren (o no pueden, o será que su “orgullo” los obnubila…) pero lo cierto del caso…Es que su brújula o se les ha perdido o algún enigmático duende o demonio…Se los ha sustraído. (Malvado)
Situaciones tan enigmáticas como sin sazón, envueltas en truculentas pasiones que a ambos aprisiona, pero que él (tanto como ella) asegura dominar y sopesar sus inquietudes, como sus sinsabores envueltos en pasiones tan violentas como efímeras, que
no los dejan expresar su verdadera razón de ser y de existir; pues tanto él como ella, aseguran dominar la situación.
(Porque tanto él cómo lo es ella, son harina del mismo saco, aunque en estos momentos…Ya no se toleran. Pues así es la vida, unas son de cal, y otras serán: de arena. ¡De algo serán! Aunque no se conozcan, ni se reconozcan.)
…Su pareja, seguía con la misma, o quizás más intensidad que él…
En ese tipo extraño de diapasón, siguieron con esa especie de juego, en los cuales, ni él, como tampoco ella, ceden.
Cada uno se aferra a su posición, tal cual fingen estar pendientes. Cómo ausentes están ignorándose hasta el cansancio, hasta el hastío…
La pareja herida en su amor propio, pues este había osado mirar a otra fémina (de elegante y sugestiva figura) que de una forma insolente, se les había cruzado en su camino (y esto era imperdonable para ella…) ¡hasta la muy osada visteó a su amor! (No. No. Eso es intolerable ¿habrase visto tal desfachatez…?)
Por tal razón, fue un motivo más que justificado. Y la ofendida señora jamás…Se lo perdonaría.
¿Por qué…? ¿Acaso ella no tiene los mismos derechos?
Y sin embargo: ¿Ella? ¡Jamás, pero es que nunca: Se lo haría!
…Pero es que él…Tampoco ha de negarse a ver, a contemplar lo bello, lo hermoso, aunque esta le sea ajena. ¡Y con qué lástima…Lo lastima tanto que…! ¡No! No puede ser. Pero así es…
(Aunque tocar no pueda, ni nunca ha de ser su dueño…Pero es que…)
Pues al Cesar…Lo que es del Cesar…Y al hombre, lo que la naturaleza le ha de prodigar, pues para eso: fueron creados.
Pero su “amorosa” costillita, de esto no entiende.
O mejor dicho: Le niega. (Pues ella es así, ni lava ni presta la batea)
Y así marchan. Uno al lado de la otra. En ocasiones…Distante.
Cómo en otras…Mucho más…Ni el viento logra distanciarlos.
Y es que la vida…Es bella. (Será para algunos, pues a otros…)
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