"Saldo intacto". Cuento breve
Subió al autobús a cumplir su misión diaria como lo venía haciendo durante el último lustro, las fotocopias en sus manos, maltratadas y sucias, acusaban haber sido más aprovechadas de lo que podría indicar el sentido común.
El discurso con la solicitud de ayuda fue como siempre impecable, perfecto. No obstante la sorpresa no se hizo esperar cuando la primera pasajera, en lugar de darle dinero la tomó de la mano y comenzó a orarle a su dios en voz muy alta, siendo secundada por el resto de los viajeros.
Luego de esa acción ejecutada por los excursionistas religiosos que ocupaban el autobús, a la señora del discurso gastado y las constancias amarillentas sólo le quedó agradecer y algo desconcertada bajó tan rápido como subió, obteniendo decenas de bendiciones como único saldo.
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