Fianchetto Escarlata: Escenario 2 - 2
Fianchetto Escarlata: Escenario 2 - 2
Loterdan
Dejó a Skarlát en compañía de su tía. La halcón había estado molestándolo últimamente con la insistencia de visitarla y en dos ocasiones hizo el intento de hacerlo por sí misma. Afortunadamente Dorian pudo impedir a tiempo que hiciera el viaje sin él pero en las dos ocasiones tuvo que encerrarla para mantenerla quieta y a su lado. Era de esperar que aquello no había hecho sino empeorar la relación que ambos llevaban y era por ello que tenía la esperanza de que la compañía de su tía lograra aplacar los actos impulsivos y estúpidos de su ave.
Libre por unos minutos de la molesta carga que era su irath, subió las escaleras para ingresar a su habitación: una espaciosa recamara que ocupaba todo el cuarto piso y hacía las veces de estudio y sala de televisión. En el centro de la habitación se encontraba una abertura en el piso con forma cuadrada y estaba rodeado por firmes barandales de madera que impedían alguna caída accidental hacia los pisos inferiores, visibles desde ese lugar.
Dio una rápida mirada por el balcón con la intención de ver a su tía y Skarlát pero solo escuchó la voz de la primera. Por el tono le pareció que le hablaba de forma cariñosa al ave, gracias a su vínculo con ella, pudo notar que Skarlát se estaba desviviendo por hacerle saber a Ariette lo mucho que había estado necesitándola en los últimos días.
Bufó y dio media vuelta. Menos mal Skarlát era incapaz de comunicarse como sí lo hacían el resto de irath o ya estaría acusándolo con el reinheit interno de su tía de los «maltratos» y censuras a los que él la sometía constantemente.
Se dirigió a su vestidor mientras iba desabotonando el chaleco blanco de su uniforme. Se quitó la casaca, blanca también pero con solapas rojas, y la colgó en un gancho apostado de lado izquierdo de un espejo de cuerpo completo.
Si aquél fuera cualquier otro día, no se habría quitado el uniforme de Alfil hasta muy entrada la noche, sin embargo la visita de su tía lo había hecho reacomodar su agenda para tener todo el resto de la tarde con ella. Ariette le había llamado el día anterior para decirle que necesitaba hablar con él acerca de Nadine, una adolescente que trabajaba hace cuatro meses como asistente en su botica. Le explicó que la chica se encontraba en alguna clase de problema pero su tía no específico cual era la naturaleza de este, quería hablarlo con él en persona y por eso es que le había realizado aquella visita tan apresurada.
Sentado en una otomana, se deshizo de las botas negras y las colocó debajo del sitio donde había colgado el resto de piezas que conformaban su vestimenta de trabajo: camisa blanca, corbata roja y pantalón negro. La tela de la que estaban fabricados era parte algodón y parte de un material llamado ilantra, un hilo fabricado con energía reinheit que repelía las manchas pero que además resultaba ser bastante fresco. Una abrigadora capa blanca se podía adherir a la casaca en caso de ser necesario.
El uniforme era algo que todas las fuerzas del orden debían portar, excepto los inspectores que podían vestir cualquier ropa de civil. A los Alfiles, en cambio, se les exigía llevar uniforme, más que para distinguirlos por su cargo especial, para advertir a la población en general de quiénes eran y a qué clase de información y permisos tenían acceso. Aquello no solo reducía la oposición de quienes quisieran negarles alguna clase de cooperación sino que también servía para que todos en general se anduvieran con pie de plomo al hallarse ellos presentes.
Detestaba tener que llevar ese uniforme.
Para la cena Dorian eligió vestir algo cómodo: pantalón caqui, playera de algodón y una chamarra de mezclilla. Descendió las escaleras hasta el segundo piso al cual pudo divisar completamente antes de llegar hasta él. Notó a su tía ir de un lado a otro en la cocina mientras Skarlát permanecía inquieta sobre el respaldo de una de las sillas del comedor, un pequeño espacio formado por el asiento, en medio circulo, de una ventana saliente con vista hacia el canal, una mesa redonda y dos sillas con la debida protección para que la halcón pudiera usarlas de percha.
El ave levantaba y agachaba la cabeza sin despegar sus ojos de una caja cerrada colocada sobre la mesa: ese debía ser el regalo del que su tía le había hablado pero tal parecía que aún no le permitiría abrirlo y era esa la razón por la que Skarlát se hallaba tan impaciente. Él también sintió un poco de curiosidad, no tenía idea de qué se le podría regalar a un irath lejos de alguna prenda o accesorio ridículo con el que algunos gustaban adornarlos. Por ello la curiosidad era mucho mayor, sabía que su tía poseía un talento especial para los detalles y Skarlát sabía, como él, que lo que fuera que había dentro de la caja sería algo bastante único, útil o una combinación de ambas cualidades.
Ya dentro del área de la cocina Dorian pudo apreciar mejor lo que su tía había colocado sobre la barra que hacía las veces de desayunador, encimera y además contenía el fregadero. Sendos medallones de pollo relleno descansaban sobre una ensalada de manzana verde y queso de cabra. Estaba bañada de una salsa a la que Dorian no supo identificar como tampoco adivinó a base de qué estaba hecho el contenido en un par de ramequines que aguardaban al lado de cada ensalada.
Realmente no le importaba conocer aquellos detalles porque Dorian ya sabía de sobra que uno de los muchos talentos de su tía era el excelente sabor en cada uno de sus platillos. En ese momento lo único que él deseaba era sentarse a devorar todo lo que su estómago resistiera antes de estallar y el delicioso aroma de la comida solo le hizo acentuar ese deseo.
—¿Qué fue lo que preparaste…? —preguntó a su tía por mera curiosidad. Se acercó a uno de los platos y, sin importarle que aquello no debía hacerse, metió el dedo en el contenido del ramekín para luego llevárselo a la boca. No supo identificar el sabor pero inmediatamente le gustó. De no hallarse adoctrinado con modales de etiqueta, habría tomado una cuchara para comenzar a dar cuenta de aquel puré sin esperar a que ambos se hallaran ante la mesa.
—Ensalada con manzana y queso de cabra, rollito de pollo y tocino con relleno Alfredo y salsita de arándanos. Ah, y puré de zanahoria —respondió su tía con una sonrisa después de lanzarle una mirada. Se acercó a la barra llevando en manos un cuenco de madera que contenía en su interior pan cortado en rebanadas—. Ojalá tengas mucha hambre porque todavía hay dos rollos más y lo que quedó de este que corté. —Los ojos de su tía brillaban de aquella forma que Dorian conocía muy bien. A su tía le era imposible ocultar el orgullo que sentía con cada platillo que preparaba pues era casi imposible que alguien no pidiera una segunda tanda, o incluso una tercera, de ellos.
—Tengo hambre pero para terminarme todo esto creo que necesitaré varios días — respondió con un poco de culpabilidad pues siempre defraudaba a su tía en ese aspecto. Al parecer los años que ya había vivido alejado de ella habían cambiado a tal punto sus hábitos alimenticios que a Ariette le resultaría muy dificil ponerlo en engorda como parecía querer intentar siempre que podía.
—Mmm… Se puede congelar en raciones y las vas sacando cuando quieras comer, así no te hartas tan rápido de los mismos sabores… —sugirió con tono pensativo pero no convencido pues no le gustaba que comiera cosas congeladas, prefería que su familia comiera cosas recién hechas. A Dorian, sin embargo, le pareció buena idea, así podría comer aquellos manjares en lugar de la comida insípida a la que tenía que optar por no saber y no tener tiempo de cocinar él mismo—. Siéntate, siéntate, vamos a comer —dijo animada.
Él se sentó frente al mostrador solo después de haber apartado la silla para que su tía se sentara primero. Tomó un trozo de pan y le dio una mordida que disfrutó mientras su atención era llamada nuevamente por el ir y venir de su irath sobre el respaldo de la silla.
—¿Qué hay adentro? —le preguntó a su tía refiriéndose a la caja. Parte de la curiosidad que Skarlát demostraba era de él. También se moría por abrirla.
—Ya lo verás cuando lo abra —sonrió como una niña aguardando porque se descubriera su travesura—. Aunque no sé si le gustará más la caja misma que el contenido —soltó una pequeña risa nerviosa a la que Dorian no le podía hallar razón de ser. Sabía que Skarlát no se decepcionaría con el regalo, Ariette no sabía cómo decepcionar a los que amaba. Él mismo se sentía en ese momento gratamente sorprendido por la comida que su tía le había preparado—. Comamos primero y luego veremos qué pasa, ¿sí?
Sonrió con ternura a su tía antes de comer un bocado de ensalada la cual, descubrió, combinaba a la perfección con los deliciosos medallones. Skarlát entonces batió las alas pero no alzó el vuelo y chilló en dirección a Dorian. Estaba apurándolo a que terminara de comer lo antes posible pues la paciencia se le acababa y pronto se lanzaría a abrir su regalo, ya fuera que su tía se lo permitiera o no. Dorian casi se sentía de la misma forma.
—Si no quieres que vuelva a preguntarte por lo que hay en la caja vas a tener que distraerme con algo más que con este banquete —dijo mirando a su tía fingiendo seriedad en la advertencia pero sus propias palabras se encargaron de recordarle que su tía no estaba de visita únicamente por placer, por ello aprovechó por dirigir la conversación hacia un tema más serio—: Háblame de Nadine. ¿Qué fue lo que sucedió con ella?
Ariette se tomó un momento de reflexión antes de responder. Había querido dejar el tema sin tocar hasta después de que Dorian comiera y descansara un poco, pero el que fuera él quien preguntara por el asunto le recordó que quien realizaría todo el trabajo, si lo aceptaba, sería él y posiblemente se quedó pensando en ese asunto desde el día anterior cuando hablaron por teléfono.
—No sabemos muy bien qué pasó ni por qué hizo lo que dicen que hizo pero hace algunos días Nadine fue a dar a la correccional de menores… Se declaró culpable de la muerte de su padre —explicó con un tono neutro pero a la vez claro. Dorian se preguntó si ella se expresaba de esa forma para hacerse entender de la mejor manera posible o si lo hacía para intentar demostrar que no se encontraba tan afectada por lo que estaba sucediéndole a su joven asistente—. El hombre murió de un shock anafiláctico y Nadine se culpó pero todos sabemos que ella es incapaz de dañar a alguien.
Dorian se quedó observando por varios segundos a su tía antes de hablar. Con esa causa de muerte veía ya el primer problema, un choque anafiláctico era algo tan fácil de ocasionar que el asesino podría ser cualquiera con acceso a los alimentos de la víctima.
—Aunque Nadine se culpe a sí misma el fiscal tendría que seguir investigando. ¿Qué razón da ella para haber asesinado a su propio padre?
—No ha vuelto a hablar desde que se culpó —dijo negando con la cabeza—. Sólo dijo que ella lo había asesinado cuando encontraron el cuerpo y a ella junto a él, a partir de ahí no dijo nada más.
Dorian bajó lentamente la mirada hacia la bebida que su tía había colocado para él junto a su plato.
Imaginó la escena que acababa de describirle su tía y le pareció algo espantoso que una adolescente tuviera que haberlo vivido. Pensó en la menuda figura de Nadine, con aquellos ojos que la hacían aparentar que vivía con un miedo constante, observando al cuerpo sin vida de su padre. La situación le pareció aún más terrible porque sus pensamientos fueron asaltados con los recuerdos de él mismo, a los seis años de edad, sosteniendo el cuerpo ensangrentado y sin vida de su madre mientras suplicaba a gritos que alguien la ayudara a abrir los ojos de nuevo…
Nadie vino en su auxilio.
Tomó un sorbo de su vaso para así tener una excusa ante su tía del por qué prolongaba su silencio. Temía que de hablar sin darse un momento para recuperarse, expondrían ante ella sus pensamientos.
—Una adolescente huérfana que se inculpa de la muerte de su propio padre es el sueño de cualquier fiscal corrupto —dijo por fin—. Haré algunas llamadas para enterarme del avance de su caso… Si resulta que no está en la correccional únicamente como prisión preventiva entonces me haré cargo… —aseguró a su tía pues sabía que le tenía aprecio a la jovencita y que no se quedaría tranquila hasta que él hiciera todo lo posible por esclarecer lo que en realidad había sucedido con su padre y quién era el asesino, si es que había alguno…
No podía descartar que todo hubiera sido un accidente y que la propia Nadine se inculpara por haber cometido un error al mezclar los ingredientes en un platillo que terminó por causar el choque anafiláctico. Claro que tampoco podría considerarla inocente sin una investigación previa, no importaba que quienes la conocían la pensaran incapaz de algún acto así. Ya bien sabía Dorian que los peores crímenes eran perpetrados por quien menos se pensaba capaz.
Ariette no dijo nada por algunos segundos, observó la dirección de su mirada y supo que debían estarle llegando recuerdos de su niñez. Se arrepintió entonces de haberle llegado con esa petición. Estiró su mano sobre la mesa y alcanzó la de él.
—Gracias… Y perdóname por pedirte hacer esto… —Dorian detectó en su tono de voz no solo la sinceridad de sus palabras sino también la tristeza que había detrás de ellas. Tristeza por la situación de Nadine, supuso, sin embargo la mirada de su tía parecía más interesada en recordarle lo mucho que lo quería o lo avergonzada que se sentía por estarle pidiendo aquél favor.
Él le sonrió para contrarrestar los sentimientos que veía reflejados en sus ojos. Giró su mano para presionar la que ella había colocado sobre la de él.
—No tienes por qué disculparte, al contrario, me alegra que me hayas informado de esto. No me convertí en Alfil únicamente por lo bien que me hace lucir el uniforme —le dijo guiñándole un ojo para intentar restarle seriedad al asunto y así ella dejara de sentirse culpable por cargarle un trabajo extra.
Afortunadamente el comentario tuvo el efecto deseado y su tía soltó una risa más relajada.
—Quisiera decirte que no nada más para molestarte pero la verdad es que se te ve muy bien el uniforme —dijo mientras asentía—. Pero no es de extrañar, podrías modelar unas bermudas con sandalias nada más y de todas formas te verías tan guapo como siempre —dijo ahora queriendo sonar despreocupada pero, por el contrario, sonaba orgullosa y no podía ocultar una sonrisa que lo evidenciaba.
No es porque fuera su sobrino nada más, realmente le parecía bastante atractivo. La madre de Dorian, al igual que ella, era gitana y, por ende, Dorian había heredado la misma sangre. Sus ojos celestes revelaban su lado inglés pero era el contraste de ellos con su piel cobriza, parte de su mezcla gitana, lo que acentuaba en él el encanto y misterio de la gente de su tribu. Más importante aún, en él podía ver la belleza de su hermana.
Dorian soltó una risotada. Su tía sufría del mismo mal que todas las madres: a sus ojos, sus hijos eran lo más hermoso que existía…
—Tienes muy buen gusto, tía… Lástima que las agencias de modelaje no pensaron lo mismo que tú o mi único uniforme actual consistiría en un ajustado bañador y un perfecto bronceado —dijo con aire pesaroso. Se encogió de hombros mientras partía un trozo del medallón que se metió a la boca.
—¿Ajustado? Pero por supuesto que no, si ya así vas alborotando a cuanta chica se cruza en tu camino, no quiero ni imaginar cómo se pondrían al verte así— dijo riendo con tono alarmado y negando con la cabeza enérgicamente.—. No, no, no, olvídalo, ¡te van a comer vivo!—exclamó llevando ambas manos a sus mejillas.
—No te preocupes, ya me he paseado así por las playas del Caribe y he conseguido salir en una pieza… —explicó él con seriedad—. Tal vez un bañador de leopardo rosa no es lo que me sienta mejor… —dio unos golpecitos en el plato con su tenedor mientras fingía meditar con seriedad un cambio total de guardarropa.
Ariette lo vio primero incrédula pero luego soltó una carcajada.
—Bendito sea el creador. No, no, no, estoy segura de que eso o el animal print de colores neón es lo que mejor te queda —dijo intentando que su voz sonara lo más seria posible a pesar de que su risa no se lo permitía.
Él le lanzó una mirada larga y ceñuda.
—¿De verdad piensas eso…? No creo que te estés tomando mi dilema muy en serio… —se quejó.
—Pero claro que sí. Me preocupa tanto como a ti, es más, te regalaré un par de bañadores así, de esos colores, se te verán muy bien —le aseguró con una amplia sonrisa.
Esta obra es un borrador y está sujeta a cambios futuros para posibles ajustes. Está inspirada en la novela «Materia Oscura» de Philip Pullman y la saga del «Inspector Linley» de Elizabeth George. Forma parte de «Xéreiscop» y está contada desde el punto de vista de mis personajes: Dorian Redford y Eliott Dagger.
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Source: Vector usado para la portada


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