Cuento corto: Visitas inesperadas
Tantas fueron las veces que me percibí sola junto a mi rutina: los niños, la casa, los trabajos, las ganas que remojaba como pan en una taza de café.
La vida no puede ser sólo esto, y si es, entonces lo imaginé de otra forma, por lo menos en el sentir.
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Hubo ciudades, estadías, distintas caras, variadas cosas que hacer y allí estaba yo, adaptándome a lo que se suponía era una vida normal.
Mi esposo nunca entendió ese sentir que se rehusaba a ser ahogado por lo que hacen los demás creyendo que es realización.
Cuantas discusiones infructuosas que terminaban por ser entendidas como reproche y queja.
Sin embargo, hubo un año, un corto y mágico año donde me sentí tan acompañada.
¡A ver!, la rutina era la misma, mismas ocupaciones, mismos hijos que atender, incluso se sumó uno más ese último año en que todo fue diferente.
Hoy, sentada, cenando en la plácida quietud de sólo escucharme a mi, vino aquel recuerdo, de aquel año donde percibiéndome sola llegaste tú.
Sin siquiera pretenderlo, me hiciste ver lo sola que me sentía y no me daba cuenta.
Y es que ... así no más, tus visitas eran inesperadas, cualquier momento era propicio para una llegada rápida y así de sencillo cualquiera podía ser la razón: refrescarse un poco, tomar un café, contar con detalle y detenimiento algún suceso, reír, ver como yo estaba, cualquier cosa.
Limonadas a media mañana, almuerzos que se rendían en uno más, meriendas compartidas, hasta mezcla de teteros que hacían brillar tus ojos y me indicaban que ese niño interno seguía allí.
Fuimos tan inocentes, simplemente nos acompañábamos en lo de siempre.
Y hoy, casi 9 años después de aquel suceso, esperando una vez más la llegada de mi esposo y los cuentos de un trabajador extenuado como él, cenando lo que quiero y escuchando la que considero música que forma parte de mi, caigo en cuenta que vuelvo a estar sola porque ya no hay visitas inesperadas con ningún sentido y mucho significado.
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No me queda más que agradecer esos días en los que la inocencia de una vuelta dada con entusiasmo me hizo sentir que era muy pensada, muy presente en tu vida porque tú te colabas en la mía.
Ese año fue maravilloso, fuiste la única persona que me llevó para que le gritara al mar mi frustración mientras los niños montaban el sube y baja, fuiste el único al que le percibí la alegría por mi sola existencia, fuiste el único que por más apurado veías a los ojos y llegabas a conectar con el alma, que afortunada fui, vivir eso mientras todos seguían la travesía del día a día.
Agradezco también por enseñarme a celebrar, porque me obligaste a detenerme para ver mis logros que eran grandes y para mi no eran representativos de una felicidad asegurada.
Gracias por ese año diferente en medio de la normalidad, siempre lo guardaré en mi corazón, inclusive en los días más tranquilos y simples, porque es en la simpleza de las cosas donde sucede la magia.
Nota: Este cuento ha sido escrito por mi y me pertenece, está basada en hechos ficticios y bien puede ser usado como momento reflexivo y de auto-conocimiento.
La rutina arropa y atropella, créeme que hoy es uno de esos días en los que me veo en este cuento.
Pero no se si es mi cansancio mental o soy yo en si que no logro entender a quien se añora en ese año tan especial, al mismo esposo que no se detiene a hacer sus dias diferentes ?
Te sugiero votar por @cotina como Witness, sino sabes cómo hacerlo, podrías revisar esta publicación: https://steemit.com/hive-113376/@colombiaoriginal/colombia-original-apoyando-a-cotina-como-witness.
Nup! jajajajajajaja, mañana lo lees con calma nuevamente.